¿Qué es olor a Guilin? Descomposición de la palabra: Gui= árbol de la región; lin= bosque. Tomando en cuenta esto, mi ciudad se llama bosque de gui. Y no están equivocados.
Cuando llegué acá mi profe de Hanzi (escritura china) nos explicó en su escaso inglés, el significado de la palabra y dijo que olía a Guilin. Nadie entendió bien a qué se refería, simplemente creímos que era otra de esas cosas que chinos complicados dicen.
Inició noviembre, sinónimo de lluvia y frío en este rincón del universo. Y empezó a oler distinto. Todo cambió. Ya no se percibe la mezcla del olor a gente sudada sin desodorante que amortigüe, huevos cocinados en la calle y basura... Ahora huele a flores. Es un aroma fresco, con toques de manzanilla y tierra mojada... es el campo y ¡dan ganas de respirar! Las flores diminutas caen de los árboles y crean una alfombra amarilla en las calles. Estamos en Guilin.
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sábado, 8 de noviembre de 2008
miércoles, 29 de octubre de 2008
Desaparecida...
¿Qué es lo peor que puede pasar? La comida no es lo mejor, los olores marean y mi cama no tiene colchón... pues que mi computadora adquiera, por mi culpa, el peor virus que conocí en mi vida, un troyano de esos que cuando se meten destruyen todo a su paso. Mi compu estuvo enfermilla, así que mi conexión con el mundo occidental se colapsó... todas mis crónicas estaban dentro de ella y desaparecí de mi blog... ¡Pero ya estoy de vuelta!
¡Les sigo contando cómo transcurren mis días en la milenaria China!
¡Les sigo contando cómo transcurren mis días en la milenaria China!
martes, 7 de octubre de 2008
Sobre las nubes
Fueron dos extenuantes días en los cuales dormir once horas y media no bastó y el cansancio se acumulaba conforme morían los minutos. Aunque deseaba pensar en cualquier cosa menos en los dolores que adquirí gracias a la siesta que tuve en un food court en la Terminal Tom Bradley en el aeropuerto de Los Ángeles, no dejaba de sentir un punzón en la parte baja de mi espalda y un enorme oso apoyado cómodamente sobre mis hombros, que me hacía sentir que algo me presionaba y me acercaba cada vez más al suelo. ¡Sé que han sentido eso! Lo más reconfortante era que conforme pasaban las horas estaba más cerca de mi nueva casa en la provincia de Guanxi, al sureste de China... ¡Asia! ¿Se supone que voy a vivir un año en Asia? Aún siento que estoy soñando...
Los aviones, las escalas en cuatro aeropuertos distintos, carruseles de maletas... interminables filas de maletas bailaban en la parrilla, daban vueltas y vueltas... ¿y qué si las mías no aparecían? Siempre he tenido fobia a la desaparición "sorpresiva" de equipaje y las crudas probabilidades de perder mi ropa favorita y a Fifirucho, mi oso de peluche, fiel compañero de mis noches... Para ser sincera, perderlo a él me asusta más que mis blusas multicolores y los zapatos plateados y rosados que tanto me gustan y combinan con cualquier lo que a mí se me ocurra.
En fin, realizamos cuatro escalas. Salimos del Juan Santamaría a las 6:33 de la mañana del 6 de setiembre. Dejar a mi familia atrás me provocó un nudo en mi estómago y cierto dejo de tristeza, pero antes de entrar a la sala de abordaje, los miré y vi en sus rostros un brillo que me decían "estamos orgullosos de vos". Suficiente.
Llegamos al Salvador, luego Los Ángeles. Tras ocho horas de reposo obligado frente al McDonalds del food court, subimos al avión más grande que vi en mi vida. No es que sepa de aviones, pero este de veras era grande. Vi tantas filas de asientos que no me alcanzó el escaso sentido de matemáticas que adquirí en el cole para contalas en segundos, pero eran muchas. Teníamos pantallitas individuales, unas 10 películas para ver, música de artistas famosos y no tan famosos, música china, japonesa, tailandesa... ¡uff, había tanta música! Aterrizamos y yo escuchaba Layla de Eric Clapton, sus guitarras son geniales. ¡Grande Eric!
La escala en Taipei fue muy rápida. Simplemente cambio de avión y ya estábamos aterrizando en Hong Kong. Lo más impresionante fue que la pista de aterrizaje está al lado de la costa, parecía que la pista no alcanzaría, que el avión se desbalancea, un estruendo como cuando se queibra una bolsa de huesos y un segundo después tenía que nadar ... Pero eso sólo pasó en mi imaginación...
A las 10:30 de la noche del lunes 8 de setiembre ya estaba instalada en el cuarto 710 del edificio de estudiantes internacionales. Un enorme banner a la entrada del edificio repetía en inglés: "Una calurosa bienvenida a Guanxi Normal Universiy"
Ya estábamos en nuestra nueva casa, pero de verdad que aún sentía ese vacío en el estómago y la presión en la cabeza de cuando levantás vuelo y estás sobre las nubes...
Los aviones, las escalas en cuatro aeropuertos distintos, carruseles de maletas... interminables filas de maletas bailaban en la parrilla, daban vueltas y vueltas... ¿y qué si las mías no aparecían? Siempre he tenido fobia a la desaparición "sorpresiva" de equipaje y las crudas probabilidades de perder mi ropa favorita y a Fifirucho, mi oso de peluche, fiel compañero de mis noches... Para ser sincera, perderlo a él me asusta más que mis blusas multicolores y los zapatos plateados y rosados que tanto me gustan y combinan con cualquier lo que a mí se me ocurra.
En fin, realizamos cuatro escalas. Salimos del Juan Santamaría a las 6:33 de la mañana del 6 de setiembre. Dejar a mi familia atrás me provocó un nudo en mi estómago y cierto dejo de tristeza, pero antes de entrar a la sala de abordaje, los miré y vi en sus rostros un brillo que me decían "estamos orgullosos de vos". Suficiente.
Llegamos al Salvador, luego Los Ángeles. Tras ocho horas de reposo obligado frente al McDonalds del food court, subimos al avión más grande que vi en mi vida. No es que sepa de aviones, pero este de veras era grande. Vi tantas filas de asientos que no me alcanzó el escaso sentido de matemáticas que adquirí en el cole para contalas en segundos, pero eran muchas. Teníamos pantallitas individuales, unas 10 películas para ver, música de artistas famosos y no tan famosos, música china, japonesa, tailandesa... ¡uff, había tanta música! Aterrizamos y yo escuchaba Layla de Eric Clapton, sus guitarras son geniales. ¡Grande Eric!
La escala en Taipei fue muy rápida. Simplemente cambio de avión y ya estábamos aterrizando en Hong Kong. Lo más impresionante fue que la pista de aterrizaje está al lado de la costa, parecía que la pista no alcanzaría, que el avión se desbalancea, un estruendo como cuando se queibra una bolsa de huesos y un segundo después tenía que nadar ... Pero eso sólo pasó en mi imaginación...
A las 10:30 de la noche del lunes 8 de setiembre ya estaba instalada en el cuarto 710 del edificio de estudiantes internacionales. Un enorme banner a la entrada del edificio repetía en inglés: "Una calurosa bienvenida a Guanxi Normal Universiy"
Ya estábamos en nuestra nueva casa, pero de verdad que aún sentía ese vacío en el estómago y la presión en la cabeza de cuando levantás vuelo y estás sobre las nubes...
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